Acheronta  - Revista de Psicoanálisis y Cultura
El estatuto teórico-clínico del grupo.
De la psicología social al psicoanálisis
René Kaës

Conferencia dictada el 16 de Abril 1996
en la Universidad Autonoma de Mexico - Xochimilco
Comentada por los Dres. Margarita Baz, Silvia Radosh y
José Perrés,
profesores de la Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones
U.A.M., Xochimilco.

Apertura
A cargo del Dr. Guillermo Villaseñor García
Conferencia de
René Kaës
Comentarios sobre la conferencia
Dres. Margarita Baz, Silvia Radosh y José Perrés
Respuesta de R. Kaës a los comentarios

I) Palabras de bienvenida y apertura a cargo del Dr. Guillermo Villaseñor García
Director de la División de Ciencias Sociales y Humanidades


Tengo el honor de presentarles al Dr. René Kaës, catedrático de la Universidad Lumière, de Lyon, Francia, y Director del Centro de Investigaciones en Psicología y Psicopatología Clínicas, de dicha Universidad, quien nos honra con su visita a México y a la U.A.M., Xochimilco.

El Dr. René Kaës ha sido invitado en forma conjunta por el Círculo Psicoanalítico Mexicano A.C., la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Unidad Xochimilco, Universidad Autónoma Metropolitana y la Coordinación de Humanidades, de la Universidad Nacional Autónoma de México, para compartir con todos nosotros, durante una semana de intensas actividades, sus experiencias académicas y profesionales en el campo de las investigaciones sobre los fenómenos grupales. El Dr. Kaës es merecidamente reconocido, a nivel internacional, como uno de los máximos especialistas en la teorización de dichos fenómenos grupales a partir de la Teoría Psicoanalítica, así como en la precisa delimitación del estatuto del "sujeto" y del "sujeto del grupo".

Sus conceptualizaciones, desarrolladas a lo largo de tres décadas de rigurosas investigaciones, y plasmadas en más de veinte libros publicados, se han constituido en la actualidad en bibliografía ineludible para todos aquellos investigadores interesados en la comprensión de los complejos efectos de la dimensión psíquica, fundamentalmente inconsciente, presentes en todo grupo humano, en toda forma de grupalización. Si pensamos que el concepto de "grupo" se ha vuelto paulatinamente imprescindible para todas las ciencias sociales: sociología, antropología, educación, politología, entre tantas otras, podremos apreciar que las investigaciones del Dr. René Kaës no sólo interesan a psicoanalistas, psicólogos y psicoterapeutas, sus destinatarios más inmediatos, sino que su complejo pensamiento convoca a todos los científicos sociales al abrir dimensiones insospechadas de reflexión y de análisis para nuestras propias investigaciones.

No debemos olvidar además que por vía del estudio de los fenómenos grupales, de la grupalidad, a través de un dispositivo metodológico idóneo para tales propósitos, podremos acceder paulatinamente, y de un modo más riguroso, a la mejor comprensión de los planos de subjetividad presentes en todos los fenómenos institucionales y sociales, produciendo conocimientos que irán articulándose con aquéllos que generan otros especialistas en ciencias sociales, desde sus propias disciplinas, permitiéndonos así un mejor abordaje de nuestros objetos teóricos, como científicos sociales, así como de la compleja y opaca realidad social de la que queremos dar cuenta.

No en vano, entonces, han demostrado su interés y contribuido a hacer posible la presencia del Dr. Kaës en nuestra Unidad Xochimilco, diversas instancias de la misma, como son las Áreas de Investigación "Procesos grupales e institucionales y sus interrelaciones", "Subjetividad y procesos sociales", el Departamento de Educación y Comunicación, la Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones, el Doctorado en Ciencias Sociales, la División de Ciencias Sociales y Humanidades y la Rectoría de esta Unidad, a través del propio Rector, el Quim. Jaime Kravzov Jinich.

Quisiera señalar también que en estos momentos particulares que estamos viviendo en nuestro país estos fenómenos grupales empiezan a hacerse realidad, empiezan a multiplicarse y dicho fenómenos grupales se empiezan a convertir en un elemento sine qua non, en un elemento fundamental de dinamización de nuestra sociedad, que ha generado un intercambio creciente en el que los aspectos subjetivos y las relaciones intersubjetivas se han constituido en elementos que nos permiten ir creando la nueva identidad de país por la que estamos pasando.

Estos fenómenos grupales, en este momento de nuestro país en el que se tiene que delinear un nuevo conjunto de relaciones sociales y que se tienen que ir creando nuevos estatutos sociales, en el que estamos en la generación de un doloroso proceso de un nuevo pacto social en la reconstrucción de nuestro país y en la reconstrucción de nuestra identidad como sociedad, creo que cobran especial relevancia sesiones académicas como esta que nos reúne ahora, que trascienden la academia, que nos vinculan con la realidad que nos van permitiendo abrir los nuevos caminos y las nuevas esperanzas que nos urgen en nuestro país y que estamos haciéndolas poco a poco.

Por estos motivos quiero dar una cordial bienvenida a nuestro ilustre huésped y desearle una feliz estancia en México en la que pueda lograr un rico intercambio académico con los profesores y alumnos de la UAM y de la UNAM, augurando además que este encuentro pueda continuarse próximamente abriendo una estrecha colaboración entre universidades y especialistas europeos y latinoamericanos.

Dr. René Kaës: bienvenido. Nuestra universidad se honra con su presencia. Le agradecemos de antemano su conferencia y escuchamos sus palabras.

Muchas gracias.


II) CONFERENCIA DEL DR. RENÉ KAËS


El estatuto teórico-clínico del grupo
De la psicología social al psicoanálisis

(Traducción: Silvia Pasternac)
(Revisión técnica: José Perrés)

Señoras y señores, queridos colegas, quisiera decirles a mi vez el gusto que me da encontrarme en esta ilustre Universidad; no son únicamente fórmulas de cortesía, sino que se trata de lo que sentí escuchando las generosas palabras del Dr. Guillermo Villaseñor. Pienso que quizá solamente en una universidad como la de ustedes es posible inscribir algo tan preciso como el grupo sobre el trasfondo político, cultural, económico y social. Creo que tienen una comprensión quizá natural del hecho de que el grupo es la interferencia de muchas dimensiones, que es un encuentro polifónico de discursos y ante todo un encuentro problemático entre diferentes sujetos, constituídos en sus historias y en sus estructuras con características específicas que intentan mantener juntos el aspecto de la alteridad y la diferencia, así como el de su identidad común. Hay en el grupo efectivamente un juego a veces trágico donde erramos al mismo tiempo a la identidad y a la alteridad. Fui muy sensible a las palabras que fueron dichas que no se inscriben solamente en una preocupación interdisciplinaria, sino que se hallan ya presentes profundamente en la cultura de ustedes, constituida precisamente por el encuentro con los otros, por el mestizaje de las culturas. Por ello les agradezco de me hayan invitado a participar en este conjunto.

Cuando algunos psicoanalistas se encontraron ante la necesidad de inventar una alternativa para la cura individual, el dispositivo de grupo fue considerado por algunos como adecuado para el tratamiento de ciertos pacientes. La mayoría de estos psicoanalistas estaban comprometidos en situaciones donde tenían que tratar con problemas de psiquiatría bastante pesados y trataban estos problemas en instituciones que no hacían sino agravarlos, según una lógica loca que asociaba la locura de los sujetos con la locura de la institución, instituciones cuya tarea primordial es la de justamente tratar la locura,

José Bleger ya mostró muy claramente como las instituciones de salud terminan por organizarse sobre la lógica de la misma locura que intentan tratar. Si mencioné a Bleger es para nombrar a uno de los que, junto con Pichon-Rivière en Buenos Aires, y como Foulkes y Bion en Londres, tuvieron que buscar alternativas para el tratamiento individual pero que encontraron inmediatamente algunas dificultades específicas para el tratamiento grupal en las instituciones. Los acondicionamientos necesarios eran entonces difícilmente concebibles en el interior de las distorsiones teórico-clinicas que producían, con las categorías del psicoanálisis mismo.

Otros más debieron aprender de las situaciones de emergencia, de las neurosis traumáticas engendradas por la guerra, y tuvieron que inventar dispositivos económicos para tratarlas, descubriendo así su eficacia: fue el caso de W. R. Bion al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. También hubo quienes se preocuparon por tomar en cuenta los imperativos de salud pública y de gestión de los recursos terapéuticos: en Francia, por ejemplo, el desarrollo de las prácticas de grupo se realizó bajo el efecto de obligaciones de seguridad social y del proyecto de reforzar los procesos de socialización al final de la segunda guerra mundial.

Al abrir el camino para el conocimiento de esta parte de la psique individual comprometida en el alma de grupo, estos psicoanalistas se vieron confrontados con problemas clínicos, metodológicos y teóricos que los condujeron a los confines del psicoanálisis y de otras disciplinas. Éstas, fundadas sobre otras concepciones de la vida psíquica, estaban dotadas de hipótesis que tarde o temprano debían revelarse como estando en oposición con la hipótesis fuerte constitutiva del psicoanálisis: un inconsciente psicosexual de origen infantil separado de la consciencia pero que actúa sobre ella de manera específica y constante.

La teoría psicoanalítica de los grupos no se constituyó de una sola vez sobre bases psicoanalíticas, por diversas razones: unas estaban fundadas sobre la resistencia a trabajar con los conceptos del psicoanálisis en una situación diferente de la de la cura; las otras daban prioridad a los planteamientos teóricas de la psicología social lewiniana, a las concepciones socio-culturales de G. H. Mead, o a los elementos críticos del marxismo sobre los procesos de alienación mental producidos por el sistema económico capitalista.

Si dejamos de lado la exclusión del grupo del campo de la práctica y del pensamiento psicoanalíticos en nombre de una ortodoxia purista, el trabajo de teorización se abría en tres direcciones: 1°. la aculturación de los conceptos extraterritoriales en el campo del psicoanálisis, corriendo el riesgo de teorizaciones a veces bastardas y de prácticas ambiguas, pero que planteaban preguntas que hasta ese momento estaban excluidas del campo de la investigación psicoanalítica: los conceptos de intersubjetividad y de alienación fueron producto de esta aculturación; 2°. la invención de una problemática que podía producir una teoría psicoanalítica de las formaciones y de los procesos psíquicos que encuentran su lugar en el grupo; 3°. la construcción de una metapsicología de la intersubjetividad y de una teoría del sujeto del inconsciente en tanto que es conjuntamente sujeto del grupo. Esta última vía, que es la mía, encara el enfoque psicoanalítico del grupo como una contribución general del psicoanálisis.

 

1. El grupo como entidad psíquica. Incidencias teórico-clínicas.

Las construcciones teóricas se organizaron principalmente alrededor de los modelos propuestos por W.R.Bion y por S.H.Foulkes en Inglaterra, Pichon Rivière en Buenos Aires, en Francia por D.Anzieu y por mí. Todos estos modelos de funcionamiento del grupo tienen como fundamento la hipótesis de que el grupo es una organización y un lugar de producción de la realidad psíquica, una entidad relativamente independiente de la de los individuos que lo constituyen.

2. Aspectos del modelo de Bion: cultura y mentalidad de grupo. Supuestos básicos.

Bion fue el primero en proponer una teoría puramente psicoanalítica del grupo. Funda su análisis sobre categorías centrales del psicoanálisis cuando distingue dos modalidades del funcionamiento psíquico en los pequeños grupos: el grupo de trabajo donde prevalecen los procesos y las exigencias de la lógica secundaria que organizan la representación del objeto y del objetivo del grupo, la organización de la tarea y de los sistemas de comunicación que permiten su realización. El grupo básico, donde predominan los procesos primarios en forma de supuestos básicos (basic assumption) en tensión con el grupo de trabajo.

La mentalidad de grupo garantiza la concordancia de la vida del grupo con los supuestos básicos que organizan su curso. La mentalidad de grupo es definida como la actividad mental que se forma en un grupo a partir de la opinión, de la voluntad y de los deseos inconscientes, unánimes y anónimos de sus miembros. Las contribuciones de éstos en la mentalidad de grupo, que constituye su continente, permite cierta satisfacción de sus pulsiones y de sus deseos; sin embargo, deben estar de acuerdo con las demás contribuciones del fondo común, y estar apoyadas por él. La mentalidad de grupo presenta así una uniformidad, en contraste o en oposición con la diversidad de las opiniones, de los pensamientos y de los deseos propios de los individuos que contribuyen a formarla.

Tres supuestos básicos (Dependencia, Ataque-Fuga, Emparejamiento) califican los diferentes contenidos posibles de la mentalidad de grupo. Son los representantes de tres estados emocionales específicos. Desempeñan un papel determinante en la organización de un grupo, en la realización de su tarea y en la satisfacción de las necesidades y deseos de sus miembros. Son y permanecen inconscientes, expresan fantasmas inconscientes y están sometidos al proceso primario. Los miembros del grupo los utilizan como técnicas mágicas destinadas a lidiar con las dificultades con que se topan, y especialmente a evitar la frustración inherente al aprendizaje por medio de la experiencia. Bion puso en evidencia la semejanza de sus rasgos con los fenómenos descritos por M.Klein en sus teorías sobre los objetos parciales, las angustias psicóticas y las defensas primarias. Desde ese punto de vista, los supuestos básicos son reacciones grupales defensivas contra las angustias psicóticas reactivadas por la regresión impuesta al individuo por la situación de grupo.

 

3. Algunas aportaciones de Foulkes y de Ezriel: el grupo como matriz psíquica, la resonancia fantasmática.

S.H.Foulkes, J.Rickman y H.Ezriel constituyeron la corriente de la Group-Analysis sobre bases teóricas y metodológicas sensiblemente diferentes.

De los años que pasó trabajando con K.Goldstein en el Instituto Neurológico de Frankfurt antes de emprender su formación psicoanalítica, Foulkes conservó la idea central del Gestaltismo y del abordaje estructural del comportamiento. Lo aplicó a su concepción del individuo y del grupo: la totalidad antecede a las partes, es más elemental, no es igual a la suma de sus elementos. El individuo y el grupo forman un conjunto del tipo figura-fondo. El individuo en un grupo es como el punto nodal en la red de las neuronas.

De esta idea fundamental deriva, para Foulkes, la de que el grupo posee propiedades terapéuticas específicas: justifica así la práctica del análisis de grupo que él elabora en Londres al comienzo de los años cuarenta: "la idea del grupo como matriz psíquica, el terreno común de las relaciones de operaciones, incluyendo todas las interacciones de los miembros participantes del grupo, es primordial para la teoría y el proceso de la terapia. Todas las comunicaciones sobrevienen en el interior de este marco de referencia. Un fondo de comprensión inconsciente, en el cual se producen reacciones y comunicaciones muy complejas, está siempre presente" (S.H.Foulkes, 1964, trad. Francesa, 1970, pág. 109).

El postulado primario de Foulkes es que "la naturaleza social del hombre es un hecho fundamental e irreductible". Como toda enfermedad se produciría en el interior de una red compleja de relaciones interpersonales, la psicoterapia de grupo es un intento de tratar la red entera de los trastornos, ya sea en el punto de origen, en el grupo de origen -primitivo-, y colocando al individuo perturbado en condiciones de transferencia en un grupo ajeno" (Ibíd., pág. 108).

En el sentido amplio, el Group-Analysis es un método de investigación de las formaciones y de los procesos psíquicos que se desarrollan en un grupo; funda sus conceptos y su técnica sobre ciertos datos fundamentales de la teoría y del método psicoanalíticos, y sobre elaboraciones psicoanalíticas originales requeridas por la toma en consideración del grupo como entidad específica. En un sentido más restringido, el Group-Analysis es una técnica de psicoterapia de grupo y un dispositivo de experiencia psicoanalítica del inconsciente en situación de grupo. Cinco ideas principales están en la base del Group-Analysis de Foulkes: la opción de escuchar, de entender y de interpretar al grupo como totalidad en el "aquí y el ahora"; la toma en consideración de la única transferencia "del grupo" sobre el analista y no de las transferencias intragrupales o laterales; la noción de resonancia inconsciente (Ezriel aclara: fantasmática) entre los miembros de un grupo; la tensión común y el denominador común de los fantasmas inconscientes del grupo; la noción de grupo como matriz psíquica y el marco de referencia de todas las interacciones.

Las primeras teorías del grupo, ya sea que hayan sido propuestas por Lewin (1947), Moreno (1954), Foulkes o Bion, tratan al grupo como una entidad generadora de efectos psíquicos propios. Las contribuciones de los sujetos son consideradas como procesos y contenidos anónimos y desubjetivados. En este aspecto, las primeras teorías del grupo son teorías donde el sujeto desaparece en lo que lo singulariza: su historia, su ubicación en el fantasma inconsciente, la idiosincrasia de sus pulsiones, de sus representaciones, de su represión.

Estos conceptos constituyen al grupo como el destinatario de la interpretación. Si la interpretación se piensa y se da en términos de grupo, sus efectos son evidentemente reducidos en cada individuo, a través de los vínculos que lo atan a la matriz del grupo o que lo sitúan en su campo de fuerzas. Pero ese vínculo y lo que para cada uno se juega en él no se interpreta directamente. Foulkes, al igual que Bion, supone que el Inconsciente produce efectos específicos en el grupo, pero lo trata más como una cualidad relativa a los fenómenos producidos que como una instancia o un sistema constitutivo de las formaciones y de los procesos intersubjetivos.

 

4. Enrique Pichon-Rivière: del psicoanálisis a la psicología social.

Los caminos tomados por Pichon-Rivière en Buenos Aires son claramente diferentes: proponen una comprensión del grupo en términos de psicología social psicoanalítica, esbozan una teoría del sujeto situada en la articulación entre algunas hipótesis psicoanalíticas y unas hipótesis tomadas de la psicología y de diversas corrientes filosóficas. La lectura de los textos de Pichon producen la impresión de un hombre en búsqueda, más preocupado por dar nacimiento a un campo de investigaciones que por unificar los enunciados teóricos.

Pichon-Rivière realizó un trabajo de pionero, que alimentó las investigaciones de sus sucesores en Argentina, en numerosos países de América Latina y en la diáspora consecutiva al exilio ante la dictadura .

 

La psicología social de Pichon-Rivière

Existen razones para que su trayecto le otorgue progresivamente a la psicología social la referencia prevaleciente, como lo atestiguan estas líneas escritas en 1972 y que recapitulan bastante bien las principales hipótesis de su investigación:

"La psicología social que buscamos se inscribe en una crítica de la vida cotidiana. Lo que abordamos es al hombre sumergido en sus relaciones cotidianas. Nuestra conciencia de estas relaciones pierde su carácter trivial en la medida en que el instrumento teórico y su metodología nos permiten buscar la génesis de los hechos sociales. Compartimos entonces la línea de pensamiento abierta por H.Lefèvre, que considera que las ciencias sociales encuentran su realidad en ‘la profundidad sin misterios de la vida cotidiana’. La psicología social que postulamos tiene como objeto de estudio el desarrollo y la transformación de una relación dialéctica que se establece entre la estructura social y el fantasma inconsciente del sujeto, y que reposa en relaciones fundadas sobre las necesidades de ésta. Dicho de otro modo, se trata de la relación entre la estructura social y la configuración del mundo interno del sujeto, relación que es abordada a través de la noción de vínculo. En nuestra concepción, el ser humano es un ser de necesidades que no se pueden satisfacer más que socialmente, en unas relaciones que lo determinan. El sujeto no solamente es un sujeto en relaciones, es también un sujeto producido en una praxis: no existe nada en él que no sea la resultante de la interacción entre individuo, grupos y clases. Como esta relación es el objeto de la psicología social, el grupo constituye entonces el campo operacional privilegiado de esta disciplina, por el hecho de que permite la investigación del juego entre lo psico-social (grupo interno) y lo socio-dinámico (grupo externo) por medio de la observación de las formas de interacción, de los mecanismos por los cuales los papeles se adjudican y se asumen. Y el análisis de las formas de interacción es el que nos permite establecer allí las hipótesis sobre los procesos determinantes."

En Argentina, mis trabajos se consideraron como eco y continuación de los de Pichon. En la medida en que partí de otras premisas y de otra experiencia distinta de la de él, quise confrontar mi concepción con la suya, particularmente a propósito del grupo interno, del grupo, del sujeto, del vínculo y del porta-palabra. Estas nociones son comunes a los dos, aunque hayan sido desarrolladas en contextos diferentes y de acuerdo con acciones distintas e independientes.

Quisiera presentar brevemente dos conceptos pichonianos y confrontarlos con mis propias elaboraciones.

 

Los grupos internos y la cuestión del vínculo en Pichon-Rivière

El acceso a esta noción se realiza, para Pichon-Rivière, a partir de la psicopatología: el tratamiento de los pacientes psicóticos le impone la evidencia de "la existencia de objetos internos, de múltiples imago que se articulan en un mundo construido de acuerdo con un proceso progresivo de interiorización". Este mundo interno tiene, tanto para él como para mí, la configuración de una escena, pero para Pichon-Rivière es en esta escena donde es "posible reconocer el hecho dinámico de la interiorización de los objetos y de sus relaciones."

Lo que Pichon-Rivière llama el mundo interno o grupo interno es la reconstrucción de la trama relacional, del sistema de relaciones intersubjetivas y sociales de los que el sujeto emerge: describe así las relaciones intersubjetivas, o estructuras de vínculos interiorizados y articulados en un mundo interno. Son producidas por un proceso de interiorización a través del pasaje fantasmático de un sistema de relaciones exteriores (intersubjetivas y sociales) a una interrelación "intrasistémica". Los grupos internos son modelos internos que orientan la acción hacia los demás en las relaciones intersubjetivas: sobre este punto me siento cercano a él, pero me distingo por la proposición de acuerdo con la cual los grupos internos son también organizadores de las acciones intrapsíquicas.

Semejante concepción de los grupos internos es fuertemente tributaria de una problemática psico-social. Para Pichon-Rivière, lo intrapsíquico es en definitiva un efecto psico-social. Expresa cómo "el grupo constituye (por lo tanto) el campo operacional privilegiado de esta disciplina [la psicología social]" y precisa lo que es importante para nuestro planteamiento, que esta propiedad viene del "hecho de que permite la investigación del juego entre lo psico-social (grupo interno) y lo socio-dinámico (grupo externo)" . Para Pichon-Rivière, el campo de lo psico-social es también, en algunas definiciones, el de lo intrapsíquico, y ambos están opuestos y articulados al campo de lo socio-dinámico (grupos externos relacionados con lo intersubjetivo).

Las referencias de Pichon a la psico-sociología de Lewin, a la de G.H.Mead, a la Crítica de la razón dialéctica de Sartre, al marxismo de Henri Lefèvre, parecen haber prevalecido sobre la invención de una problemática fundada sobre las proposiciones fundamentales del psicoanálisis. Con todo, experimento dificultades para representarme si esa preeminencia reposó para él sobre una verdadera crítica del psicoanálisis -hasta donde llegan mis conocimientos, no la emprendió - o sobre opciones y postulados ideológicos personales que le parecían más apropiados para abrir el espacio de una acción terapéutica trabajando sobre toda la cuestión de las relaciones de lo social, de la intersubjetividad y del espacio intrapsíquico . Es cierto que numerosos psiquiatras de Europa, especialmente en Francia, hicieron coexistir la hipótesis del psicoanálisis con los principios extraídos de otros universos de pensamiento: particularmente, la corriente de la psicoterapia institucional.

El segundo concepto de Pichon que quisiera hacer resaltar es el de vínculo, cuestión central en la obra de Pichon. El punto de partida de su reflexión es aquí, una vez más, el de los problemas planteados por el tratamiento de la locura en el marco de la psiquiatría social en la cual trabaja para darle forma e instrumentos conceptuales. Un gran número de éstos son tomados de la psico-sociología de la comunicación y de la teoría de los roles. Este enfoque da de entrada al sujeto no como ser aislado, sino como incluido en un grupo, cuya base es la familia: la conceptualización que resulta de ella es, entonces, según Pichon, esencialmente psico-social, socio-dinámica e institucional, pues el grupo familiar está inserto en el campo social que le confiere su significación. Así, la aparición de la psicosis en un miembro de la familia es un "emergente" original que expresa y toma a su cargo la enfermedad mental de toda la familia: el delirio que construye un miembro de la familia debe entonces comprenderse como una tentativa de resolución de un conflicto determinado y, al mismo tiempo, como un intento de reconstruir no solamente su mundo individual, sino principalmente el de su grupo familiar y, secundariamente, el social mismo.

Éste es el trasfondo de su concepción del vínculo, que él diferencia de la relación de objeto. "¿Por qué utilizamos el término de vínculo? En realidad, estamos acostumbrados a utilizar la noción de relación de objeto en la teoría psicoanalítica, pero la noción de vínculo es mucho más concreta. La relación de objeto es una estructura interna del vínculo. Un vínculo es, sin embargo, un tipo particular de relación de objeto; la relación de objeto está constituida por una estructura que funciona de una manera determinada. Es una estructura dinámica, en movimiento continuo, que funciona activada y movida por factores instintuales, por motivaciones psicológicas. [...] Así, nos enfrentamos con dos campos psicológicos en el vínculo: un campo interno y un campo externo. Sabemos que existen objetos externos y objetos internos. Es posible establecer un vínculo, una relación de objeto con un objeto interno y, por lo mismo, con un objeto externo. Podemos decir que lo que nos interesa más desde el punto de vista psico-social es el vínculo externo, mientras que desde el punto de vista de la psiquiatría y del psicoanálisis, el que nos interesa más es el vínculo interno, es decir, la forma particular que adopta el yo al ligarse con la imagen de un objeto localizado en él..." Teoría del vínculo, 1980, págs. 35-36.

El concepto de vínculo propuesto por Pichon-Rivière es el resultado de otro tipo de determinación: no oculta su proyecto de efectuar la sustitución del concepto de instinto por la estructura de vínculo, entendiendo la estructura de vínculo como el efecto de un proto-aprendizaje, como el vehículo de las primeras experiencias sociales que constituyen al sujeto mismo, sobre la negación del narcisismo primario . Una constante de su teoría del vínculo es en efecto sostener que la interiorización de la estructura de relación se produce en la interacción: ésta se vuelve intrasubjetiva bajo los efectos de la identificación introyectiva y proyectiva, pero Pichon la describe también en términos interaccionistas y comunicacionales (emisor-receptor).

La suerte que corre lo pulsional en el vínculo, ¿no conduce forzosamente a Pichon a trazar un camino que va del psicoanálisis a la psicología social? Al tratar a la intersubjetividad y al vínculo a lo largo de su recorrido, Pichon-Rivière corría el riesgo de perder de vista una problemática del sujeto articulable con la del grupo.

 

5. Los trabajos de la Escuela Francesa

Los trabajos de la Escuela Francesa primero restituyeron al grupo su valor de objeto psíquico para los sujetos. A partir de ese punto de vista se inició un proceso de ruptura epistemológica en la concepción del grupo, y esta ruptura se efectuó esencialmente con la psicología social. Era necesario romper con la psicología social para permitir que entrara, imperativamente, el grupo en el campo del psicoanálisis, porque en Francia, al comienzo de los años 60, los enfoques frontales se encontraban en este terreno particularmente fustigados y eran sospechosos de derivaciones extra-psicoanalíticas.

Esta ruptura recibe lo esencial de su legitimidad de aquélla, epistemológica, que el psicoanálisis introdujo en las ciencias humanas. La hipótesis del inconsciente cambia las perspectivas sobre el estatuto del objeto: esencialmente observado y manipulado en la acción de la medicina y de la psicología, el objeto es considerado por el psicoanálisis desde el aspecto en que es investido por la pulsión y por el fantasma del sujeto epistémico. Así, el grupo ya no es considerado electivamente como la forma y la estructura de un sistema estabilizado de relaciones interpersonales objetivadas, en las cuales se operan fuerzas de equilibración, representaciones productoras de normas y de procesos de influencia, presiones conformistas, creación de estatutos y de papeles. En el campo psicoanalítico, es esencialmente un objeto de investiduras pulsionales y de representaciones inconscientes, un sistema de ligazón y de desligazón de las relaciones de objeto y de las cargas libidinales o mortíferas que están asociadas con ello.

Lo esencial de los cambios operados con ocasión de esta ruptura se apoyan en las proposiciones siguientes:

Pudimos describir mecanismos precisos, unos generales y propios de cualquier producción del inconsciente, los otros específicos de la situación de grupo: así lo que D. Anzieu llamará la ilusión grupal, o lo que yo despejaré como la ideología y las alianzas inconscientes. Se trata aquí de fenómenos sobre los cuales no actúa la mayoría de los métodos de formación y de discusión que pretenden mejorar las comunicaciones.

Aunque he contribuido para establecer la hipótesis de acuerdo con la cual el grupo es el lugar de una realidad psíquica propia, mis investigaciones difieren de las que acabo de presentar en varios puntos, y ahora quisiera dar cuenta de esto.

 

6. Visión de conjunto sobre mis propias investigaciones

El acceso a la noción de grupo interno se realizará, para mí, a través del estudio de las representaciones del grupo como objeto, en el sentido que acababa de dar a esta problemática J.B.Pontalis. Llevé a cabo mis investigaciones en tres tiempos: sobre las representaciones del grupo cuyos organizadores inconscientes y culturales (1965-68) busqué descubrir; describí los organizadores inconscientes como "grupos de adentro", estructurados de acuerdo con leyes de composición que obedecen a los procesos primarios de la asociación y de la permutación. En un segundo momento (1968-69), empecé a estudiar los efectos de la grupalidad psíquica en la organización de los procesos de grupo y a poner a punto el modelo del aparato psíquico grupal, distinguiendo dos principales modalidades de acoplamiento (isomórfico y homomórfico). Entonces amplié la extensión del concepto articulando los grupos internos con la realidad propia del grupo.

En un tercer tiempo, le otorgué una atención particular a las formulaciones freudianas relativas a la representación de la psique como grupo y como actividad de agrupamiento/desagrupamiento. Del Esquema hasta el final de su obra -y especialmente en el momento de la construcción de la segunda tópica- el modelo del grupo no dejará de constituir para Freud uno de los modelos más constantes del aparato psíquico. A partir de estas investigaciones pude sostener que la grupalidad psíquica es una noción original del psicoanálisis.

 

a. Grupos internos y grupalidad psíquica

Precisemos los conceptos. Desde mi punto de vista, el concepto teórico de grupo interno puede describir formaciones y procesos intrapsíquicos desde el punto de vista en que las relaciones entre los elementos que los constituyen están ordenados por una estructura de grupo. Un grupo interno es una configuración de vínculos entre pulsiones y objetos, sus representaciones de palabra o de cosa, entre instancias, imago o personajes. En estas configuraciones de vínculos, el propio sujeto se representa directamente o a través de sus delegados. Este abordaje estructural de los grupos internos hace hincapié en el sistema de relaciones entre elementos definidos por su valor de posición correlativa, reunidos y ordenados por una ley de composición: la desviación diferencial entre los elementos engendra la tensión dinámica de la estructura. Semejante sistema está dotado de principios de transformación que movilizan diversos mecanismos asociados con los procesos primarios: condensación, desplazamiento, permutación, negación, inversión, difracción. Una propiedad funcional de los grupos internos es su disposición de libreto y sintagmática, disposición apropiada para dramatizar las colocaciones de los objetos y sus desplazamientos, de acuerdo con apuestas de la acción psíquica por realizar, según las necesidades de la dinámica y de la economía psíquicas.

En esta definición, la estructura fundamental de los grupos internos define tanto los fantasmas originarios como los sistemas de relación de objeto, el Yo, la estructura de las identificaciones, los complejos y las imago, incluyendo la de la psique, la imagen del cuerpo. Entre los grupos paradigmáticos, distinguí el fantasma por dos razones: su concepción estructural describe perfectamente el concepto de grupo interno; la relación de objeto recibe su consistencia del hecho de ser referida a la fantasmática que la sostiene.

Yo había propuesto al final de los años 60 la fórmula "El inconsciente estructurado como un grupo": desde esa época me parecía necesario pensar la grupalidad psíquica en su relación con el Inconsciente. Al proponer esta hipótesis, sostengo un punto de vista diferente del de Pichon-Rivière: en lo que a mí concierne, los grupos internos son formas de la grupalidad psíquica. No son el producto exclusivo de la interiorización o de la internalización de los procesos intersubjetivos o sociales. Las formas de la grupalidad psíquica están dadas por la estructura de la materia psíquica. Se trata, por un lado, de estructuras intrapsíquicas fundamentales, primarias o primordiales, que ya se encuentran ahí.

Si bien le doy de este modo una consistencia a la formación y a la lógica endopsíquica, no descuido el proceso intersubjetivo de la formación y de la función de ciertos grupos internos. La tesis epigenética goza aquí de mi preferencia en la medida en que acepta una eficiencia de la internalización a condición de que existan estructuras previas que se activen y se auto-organicen en el movimiento mismo en que son solicitadas. En estas condiciones, los grupos internos se me presentan secundariamente como adquisiciones y creaciones, por incorporación o introyección de los objetos perdidos y reconstruidos.

Precisé esta perspectiva en mis dos últimas obras al tratar de mostrar que el análisis de los grupos internos es el del proceso asociativo/disociativo en el cual el sujeto organiza su actividad psíquica y la representa para sí mismo y para los otros.

 

b. El trabajo de la intersubjetividad y las alianzas inconscientes

Las teorías de la relación de objeto no son teorías de la intersubjetividad; apuntan a describir la relación de objeto desde el punto de vista en que es constituyente del sujeto (del Yo, del self), pero no desde el punto de vista en que el objeto de la relación de objeto es el término de un proceso de intercambio psíquico, es decir que es, como sujeto otro, otro sujeto que insiste y resiste en tanto que otro. "El otro es otro" escribe E.Levinas.

Término de un intercambio quiere decir: de objetos de deseo, de figuración, de mecanismos de defensa, donde uno garantiza los del otro para garantizar los suyos propios. Este término implica una ley que regula las relaciones entre los sujetos, vuelve posible el descubrimiento de la verdad de su historia en tanto que es vínculo.

Esta concepción del vínculo intersubjetivo como vínculo entre relaciones de objeto de sujetos distintos permite articular esa relación. Lo que diferencia al vínculo de la relación de objeto es que en el vínculo nos enfrentamos a lo del otro. Estos "otros" no solamente son figuraciones o representantes de las pulsiones, objetos parciales, representaciones de cosa y de palabra, del sujeto mismo; son también otros irreductibles a lo que representan para otro. Cuando me encuentro en un vínculo intersubjetivo, me tropiezo con algo del otro, que no puedo reducir a mi representación: el objeto de la relación de objeto no coincide exactamente con el otro, en tanto que es un objeto irreductible al objeto de la relación de objeto, siempre más o menos marcado con imaginario.

Inscribo la cuestión del vínculo en el marco más general de una teoría psicoanalítica de la intersubjetividad. El campo teórico por constituir está organizado por la investigación de las estructuras y de los procesos psíquicos que se constituyen en los puntos de anudamientos de las formaciones del inconsciente entre el sujeto singular y los conjuntos intersubjetivos, por sus divergencias y los límites de sus transformaciones. La metapsicología de este campo requiere de la hipótesis de una tópica doblemente determinada, de una economía mixta de las investiduras y de los intercambios, de una dinámica interferente y, si admitimos este punto de vista, de una co-génesis (o de una co-epigénesis) de estas formaciones y de estos procesos.

Para ser más preciso, mencionaré dos áreas de investigación que mantienen el cuestionamiento del lado de la hipótesis del inconsciente.

 

La producción de síntomas compartidos tiene también la función y la finalidad siguientes: sujetar a cada sujeto a su síntoma en relación con la función que cumple en y para el vínculo. El síntoma recibe de allí un reforzamiento multiplicado. Las alianzas inconscientes intersubjetivas cumplen en efecto en el más alto grado la función de desconocimiento que viene con el síntoma. Si sólo tomáramos en consideración la función económica y dinámica que cumple el síntoma para el sujeto que lo produce inscribiéndolo en su historia singular y su estructura propia, dejaríamos de lado su valor en la economía de los vínculos intersubjetivos: no podríamos evaluar las investiduras que recibe por parte de sus sujetos para que se mantenga sólido el vínculo, a un precio que remunera a la represión mantenida en el otro y en cada uno en el marco de la alianza.

 

c. El sujeto del grupo como sujeto del inconsciente

No podemos no estar dentro de la intersubjetividad: es nuestra condición de sujeto, en ella nos constituimos. La hipótesis básica sobre la que inicié mis investigaciones sobre la cuestión del sujeto es que el psicoanálisis freudiano sostiene una concepción intersubjetiva del sujeto del inconsciente. El psicoanálisis requiere de la intersubjetividad como una condición constitutiva de la vida psíquica humana; esta concepción no se puede oponer a la exigencia que asignó inicialmente de tratar la vida psíquica del sujeto considerado en su singularidad a partir solamente de sus determinaciones internas. El sujeto con el que se enfrenta no es el sujeto social, sino el sujeto del inconsciente. Sin embargo, y en ello reside la insistencia de mi investigación desde hace muchos años, debemos integrar en el campo del psicoanálisis todas las consecuencias teórico-metodológicas que derivan de la toma en consideración de la exigencia de trabajo psíquico que impone a la psique, y especialmente a las formaciones y a los procesos del inconsciente, la dimensión intersubjetiva del objeto. Precisamente esta toma en consideración es lo que me condujo a proponer el concepto de sujeto del grupo.

La noción de sujeto del grupo se me presentó como necesaria para calificar ciertas dimensiones del sujeto del inconsciente. El sujeto del grupo se constituye como sujeto del inconsciente siguiendo dos determinaciones convergentes: la primera se refiere a su sujetamiento al conjunto (familia, grupos, institución, masas...). Se transmiten formaciones del inconsciente por la cadena de las generaciones y de los contemporáneos; una parte de la función represora se apoya y adquiere estructura (neurótica o psicótica) en ciertas modalidades de la transmisión psíquica, por ejemplo, de acuerdo con modalidades fijadas por las alianzas, los pactos y los contratos inconscientes; el proceso de cifrado, la formación del Superyo y de las funciones del Ideal siguen también esta determinación intersubjetiva.

La segunda es tributaria del funcionamiento propio del inconsciente en el espacio intrapsíquico. Ya he subrayado que los grupos internos no adquieren su formación y su función solamente de la incorporación o de la introyección de los objetos y de los procesos constituidos en los vínculos intersubjetivos y trans-subjetivos, sometidos a un trabajo de transformación en el aparato psíquico por la identificación y el apuntalamiento. Su formación resulta también de las propiedades inmediatamente grupales de pensamientos reprimidos que, en tanto que están separados de lo consciente y agrupados entre ellos en el inconsciente, ejercen una atracción sobre los elementos aislados que se desprenden del sistema Pcs-Cs.

El sujeto del grupo se constituye como sujeto del inconsciente siguiendo dos determinaciones: unas se refieren a su apertura del lado de la exigencia del objeto, generadora de discontinuidad, y las demás se remiten a la exigencia narcisista, generadora de continuidad.

El sujeto del grupo es un sujeto estructuralmente dividido entre su realización en tanto que individuo y su condición de eslabón, beneficiario, servidor y heredero de una cadena intersubjetiva a la cual está sujetado. Esta división aumenta, confirma o retoca la división del sujeto del inconsciente: estas dos divisiones se sostienen mutuamente. La hipótesis de la grupalidad psíquica agrega más particularidades a la situación conflictiva del sujeto singular-plural. El sujeto singular-plural es simultáneamente múltiple y uno, consiste en el acoplamiento de sus objetos, de sus pulsiones y de sus representantes. El sujeto se constituye en la negociación de sus hiatos, en los compromisos que es capaz de crear.

El concepto de sujeto del grupo define un área y una economía de la conflictividad psíquica en la cual se inscriben todos los componentes del conflicto y de la división propios del sujeto del inconsciente. La conflictividad que lo divide y lo lleva a buscar compromisos está por un lado inscrita en la intersubjetividad y en las apuestas de las alianzas inconscientes. Pero el sujeto del inconsciente, de manera idéntica al sujeto del grupo y al sujeto de la grupalidad psíquica, está también siempre en conflicto, en división, en clivaje o en compromiso para apuestas que le son propias: entre las exigencias que le impone el movimiento que lo empuja a ser en sí mismo su propio fin, y las que derivan de su estructura y de su función de miembro de una cadena intersubjetiva, en la que es conjuntamente servidor, eslabón de transmisión, heredero y protagonista.

Según esta perspectiva, supuse que la represión y la denegación ordenadas por las exigencias intrapsíquicas se apuntalan sobre las exigencias de represión y de denegación impuestas por las alianzas, los pactos y los contratos inconscientes inherentes a la intersubjetividad. Por esto, y de acuerdo con modalidades distintas, estas alianzas participan de la función represora y de la estructuración del inconsciente .

El proyecto de constituir la intersubjetividad como objeto teórico y como dispositivo metodológico en el psicoanálisis no puede ahorrarse una doble metapsicología: la del sujeto del inconsciente en tanto que es un "sujeto del grupo", y la de los conjuntos intersubjetivos en tanto que forman y administran una parte específica de la realidad psíquica. La puesta en perspectiva recíproca de estos dos espacios parcialmente heterogéneos, dotados de lógicas y de formaciones específicas, define el campo de una nueva clínica psicoanalítica localizable tanto en la práctica de la cura individual como en la práctica del trabajo psicoanalítico en situación de grupo.


III) COMENTARIOS A LA CONFERENCIA DEL DR. R. KAËS


A) Comentario de la Dra. Margarita Baz
Profesora e investigadora titular
Coordinadora de la Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones U.A.M. Xochimilco

"De la psicología social al psicoanálisis: proyecto teórico de R.Kaës ¿opuesto o complementario al de Pichon-Rivière?"

La interesante conferencia del Dr. René Kaës que hemos escuchado sugiere una gran cantidad de líneas de reflexión y de debate teórico. Ante el corto tiempo disponible, optaré por tomar como eje de mis comentarios el título de la conferencia, y, más específicamente, el subtítulo que lo acompaña ("De la psicología social al psicoanálisis"). A nadie que conozca el pensamiento de Enrique Pichon-Rivière se le puede escapar que tal frase es una paráfrasis, o mejor aún, una inversión del nombre del conocido texto "El proceso grupal: del psicoanálisis a la psicología social" del autor argentino. Y vale la pena aclarar que el título de dicho texto no es tan sólo un nombre pertinente para su famosa compilación de trabajos y artículos diversos, sino una frase que verdaderamente resume lo que fue el proyecto de su vida. En ese contexto, resulta muy sugerente que el Dr. Kaës se ocupe de analizar tanto los puntos de contacto como los de fuga y distanciamiento del proyecto teórico-clínico de Pichon, en un ámbito -éste de la UAM-X- que ha sido un terreno fértil para el estudio y la investigación del campo grupal. Tenemos, por ejemplo, un programa de posgrado que funciona tanto a nivel de maestría como de doctorado, en cuya fundamentación teórica ha tenido un lugar significativo la concepción operativa de grupo originada en Pichon, como también el psicoanálisis, sin cuyos aportes sería impensable el abordaje de los procesos de la subjetividad colectiva, objeto de estudio del programa, el que fue finalmente nombrado -luego de titubeos y de explorar distintas opciones- como "psicología social de grupos e instituciones". Dar un nombre a un proyecto (como a un nuevo ser) es un acto que está lejos de ser casual o irrelevante; lo común es que el producto sea más o menos fallido (siempre hay algo más que quisiera ser dicho), pero finalmente resulta ser una solución de compromiso (inter e intrasubjetiva) donde se juegan concepciones, afiliaciones imaginarias y transferencias. Más aún cuando en ese acto fundador se quiere marcar una diferencia, que en el caso que nos ocupa se refiere a un distanciamiento radical con una psicología social que se ubica en la tradición -sea interaccionista, sea de dinámica de grupo- que desconoce la hipótesis del inconsciente y que reduce su estudio al campo empírico de los pequeños colectivos separándose su comprensión de los procesos de producción de lo social-histórico. Bien, sorprendentemente, hay una coincidencia esencial entre nuestra crítica a las corrientes de la psicología social tradicional y la ruptura que enuncia la llamada "escuela francesa de psicoanálisis grupal" (representada en forma destacada por D.Anzieu y por nuestro interlocutor, el Dr. Kaës) respecto a tales concepciones de grupo que se ubican fuera del campo del psicoanálisis. Entonces, el sugerente enunciado del Dr. Kaës: "de la psicología social al psicoanálisis" no está tan claro, porque ¿de qué psicología social estamos hablando? Si seguimos su razonamiento, encontramos que lo que plantea es un alejamiento total de las concepciones de grupo que no trabajan con la noción de inconsciente y, como consecuencia, establece la necesidad de "romper con la psicología social para hacer entrar al grupo en el campo del psicoanálisis". Entonces, lo que René Kaës expresa es una decidida reivindicación de la problemática grupal como cuestión fundamental para el psicoanálisis. Su tesis es que desde el origen del psicoanálisis la cuestión del grupo estuvo presente, si bien el asumirlo plenamente fue motivo de resistencia, negación y aversión. El encuentra en el pensamiento de Freud la noción de la psique como grupalidad, antes aún que el uso del término grupo como organización de vínculos intersubjetivos. Su gran aporte ha sido desarrollar psicoanalíticamente la cuestión del grupo, en sus múltiples dimensiones: teórica, metodológica, clínica, institucional y epistemológica, trabajo al que ha dedicado al menos 25 años de estudio e investigaciones, cumpliendo una destacada trayectoria que varios de los investigadores del campo grupal e institucional de la UAM-X seguimos con enorme interés. Sin embargo, y si sigo rondando el título de la conferencia de hoy, no encuentro un pasaje equivalente -aunque fuese en sentido contrario- al movimiento interno que refleja el proyecto de Pichon-Rivière con su pasaje "del psicoanálisis a la psicología social". Para Kaës, el juego de palabras aludido con "de la psicología social al psicoanálisis" es reiterar su convicción de la pertinencia de la cuestión grupal para el psicoanálisis y marcar -una vez más- su diferencia con otros enfoques -no psicoanalíticos- acerca del grupo. Pichon-Rivière, en cambio, habla de un pasaje de un campo del saber a la construcción de otro, que si bien abreva del primero, representó una ruptura con posiciones teóricas y afiliaciones muy significativas, en la medida en que, hasta entonces, se había entregado al psicoanálisis con auténtica pasión, y una apertura epistemológica implicó vislumbrar un campo problemático que requería los aportes teóricos de otras disciplinas aparte del psicoanálisis. Se dio la posibilidad de transitar con libertad por las fronteras disciplinarias, anticipando lo que hoy muchos intelectuales consideran como la perspectiva epistemológica más congruente en el campo de la subjetividad social. Más aún, su misma noción de aprendizaje, revela su concepción abierta a la incertidumbre como condición de pensamiento y creatividad y, correlativamente hay una denuncia permanente de los obstáculos que representan los mecanismos de naturalización y totalización en las representaciones de la trama social. Todo ello fue parte de sus aportes a la construcción del campo de la psicología social, donde ubicó al grupo como el objeto privilegiado de análisis e intervención. En una "rendición de cuentas definitiva", reconoció el costo que le significó el alejamiento de la concepción ortodoxa que se había institucionalizado dentro del campo psicoanalítico. "Esa ruptura, lo he reconocido, significó.. una aguda crisis que me llevó muchos años superar... y que quedó resuelta con la publicación de mi libro Del psicoanálisis a la psicología social..". Tuvo la audacia (como Foulkes y Bion en Europa) de ser pionero en el abandono de una postura dentro del psicoanálisis que se resistía a aceptar al grupo como objeto de su pertinencia y sobre todo que descalificaba a todo tipo de dispositivos metodológicos que se alejaran de la cura-tipo. Su trabajo teórico y práctico lo llevó a salir del campo psicoanalítico (si bien nunca dejó de pensar con el psicoanálisis). René Kaës, por su parte, se ubica en todo momento en dicho campo y considera que la cuestión grupal es esencial al psicoanálisis. Tal es su apuesta y un proyecto teórico prioritario. Volviendo al maestro argentino, es importante ubicar que su compromiso básico fue con una praxis que contribuyera a la transformación social a través del desarrollo de instrumentos conceptuales y operativos que permitieran llevar adelante la crítica de la vida cotidiana. El pasaje del psicoanálisis a la psicología social en Pichon-Rivière se fundamenta en una decisión irrevocable para operar como psicólogo en el campo social. Se ubicó así como psicólogo social antes que como psicoanalista, pero hay que recordar que siempre reivindicó a Freud como el fundador de la psicología social. Como ha dicho un colega uruguayo, Pichon desarrolló su teorización acerca de los grupos con el psicoanálisis pero no desde el psicoanálisis. Pichon dice "La psicología social que postulamos tiene como objeto el estudio del desarrollo y transformación de una realidad dialéctica entre formación o estructura social y el fantasma inconsciente del sujeto, asentada sobre sus relaciones de necesidad". Evidentemente, en este proyecto de psicología social están presentes el marxismo y el psicoanálisis como dos pilares teóricos, y dos "objetos": ser humano y sociedad cuya relación se postula. Esta perspectiva, que compartió con otros pensadores de su época, reflejan su profundo compromiso con el devenir de la sociedad. En efecto, una de sus grandes preocupaciones fue fundamentar la capacidad operativa del psicólogo en el campo social; el dispositivo metodológico por él creado y la conceptualización que lo sustenta, revela sus aportes excepcionales como también algunas de sus limitaciones. Como bien lo señala el Dr. Kaës, la utilización de ciertas categorías provenientes, por ejemplo, del pensamiento de Kurt Lewin o de Georges Mead, que pueden tener un valor descriptivo nada despreciable, tal vez obturó la patente necesidad de problematizar la noción de "mundo interno", es decir de desarrollar una metapsicología de la grupalidad, aspecto justamente en el que las investigaciones de René Kaës representan uno de los aportes más importantes en los últimos años en el campo de lo grupal. Algunos aspectos problemáticos de la teorización pichoniana se vinculan a la noción de "necesidad", que aparece en el intento de vincular el "mundo interno" con la estructura social y que aparece paralela a la evasión del tema de las pulsiones y el registro de la sexualidad. La noción de "grupo interno" o "mundo interno" es interesante en la medida en que lo perfila como drama, como escenario de múltiples juegos vinculares. No obstante, es evidente que la relación entre el sujeto y el mundo, y su noción de salud mental como "adaptación activa a la realidad", y varias otras nociones claves en su concepción como son "horizontalidad", "verticalidad", etc., hoy demandan una puesta a prueba en términos metapsicológicos y de revisión de las categorías de lo "externo" y lo "interno". Ahora bien, junto a las nociones pichonianas de vínculo, de grupo, grupo interno y portavoz que ha analizado René Kaës en su conferencia, yo quisiera señalar dos que no han sido destacadas y que considero aportes fundamentales del pensamiento de Pichon. Me refiero a la de emergente (que debe ser distinguido de la de portavoz) y la de tarea. La primera es fundamental para entender las tramas grupales e institucionales, lo transindividual, que resulta excluido o no visible desde aproximaciones que sólo toman en cuenta la positividad, lo manifiesto u observable. Esta noción, acuñada en el trabajo de Pichon relativo al grupo familiar y el sujeto que enferma, derivó en un punto clave para trabajar la problemática de la lectura y la interpretación de los procesos grupales. Por su parte, la noción de tarea, es un elemento esencial del dispositivo metodológico del grupo operativo. Como ha señalado A.Bauleo, la tarea "además de posibilitar y establecer parte del contrato, alianza o encuadre del desenvolvimiento del grupo, es al mismo tiempo una metáfora. Es decir, que habla y se trata de una cuestión que nadie en realidad conoce, ya que la visión final dela misma en nada concordará con la inicial". Preguntarse por la tarea es apuntar a la comprensión de las fuerzas instituyentes del grupo. Permite develar la tensión irreductible entre lo singular y lo colectivo. En nuestro opinión, la trascendencia del pensamiento de Pichon-Rivière está no sólo en la fuerza y la creatividad de sus señalamientos críticos y de sus desarrollos teóricos y metodológicos, sino también en su capacidad formadora y multiplicadora de inquietudes conceptuales y operativas para abordar el campo de la psicología social. Por su parte, los aportes contemporáneos de Kaës desde el psicoanálisis, que ha puesto en perspectiva recíproca a la grupalidad intrapsíquica y al grupo en el sentido intersubjetivo, ha abierto nuevos caminos a la investigación de lo grupal y ha propuesto distintas hipótesis imprescindibles de ser tomadas en cuenta en la exploración de la subjetividad y su dimensión grupal e institucional. No nos resta más que agradecer la oportunidad de este intercambio académico con nuestro distinguido visitante.


B) Comentario de la Dra. Silvia Radosh Corkidi
Profesora e Investigadora de la Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones, UAM - X.

Agradezco la invitación del Dr. José Perrés y de la U.A.M. y me siento privilegiada, de intentar comentar la conferencia del Dr. René Kaës. Privilegiada porque admiro desde hace ya largos años (17), el cuidadoso y profundo trabajo de Kaës, en sus valiosas aportaciones al "trabajo Psicoanalítico Grupal", así como al "Individual". Me ha apoyado (sin él saberlo) en la docencia, en la investigación, en mi trabajo clínico grupal e individual, así como también en trabajo de grupos y seminarios de formación; por lo tanto este comentario no sólo alude a la conferencia de hoy, sino que también abarca algunas de las reflexiones que me han sugerido sus anteriores textos, en todos estos años.

El trabajo psicoanalítico en los grupos terapéuticos (sobre todo), efectivamente nos llevó a pensar, junto con el estudio de la obra de Freud, de Lacan y de los psicoanalistas grupales, que el aparato psíquico llamado "individual", no era tal, no porque no existan las singularidades, sino por estar conformado grupalmente, en y por la intersubjetividad . Esto que era balbuceado por mi y otros compañeros, en algunos trabajos nuestros, lo encuentro expresado en forma clara, minuciosa y rigurosa, en los trabajos del Dr. Kaës. También debo decir que los autores que él menciona, fundamentalmente de la escuela inglesa Foulkes, Ezriel, Bion; nos guiaron en el intento de comprender los fenómenos inconscientes que se dan en los grupos y el "objeto Grupo"; así como lo que ya nosotros llamábamos "La Escuela Francesa de Psicoanálisis Grupal", que además del Dr. Kaës, contaba con Anzieu, Bejarano, Missenard, Pontalis y por supuesto también la "Escuela Argentina", que nos llegó por textos y por psicoanalistas mexicanos formados allá (por ejemplo el Dr. José Luis González Ch.) y psicoanalistas argentinos radicados en México, de quienes tuvimos la oportunidad de ser analizados (tales como la Dra. Frida Zmud pionera del Análisis Grupal en México y la Dra. Gilou Royer de García Reynoso); en los textos destacaron Pichon Rivière a la cabeza y una serie importante de investigadores de las intrincadas relaciones de lo grupal, lo psicoanalítico y lo social; por nombrar sólo algunos: E, Pavlosky, Ana Ma. Fernández, J.C. De Brassi, etcétera.

Lo que Kaës nos aporta en sus últimos trabajos, es múltiple y provocador; no da el tiempo, ni el espacio para abarcarlo, pero tratando de reducirme, hablaré de lo que a mí más me interesa: El "Modelo del Aparato Psíquico Grupal"; (ficción eficaz, o metáfora), sería aquello que se organiza y desarrolla en el grupo, como realidad psíquica específica de grupo, a través del "acoplamiento" o "ensambladura", entre las subjetividades singulares, o sea, formaciones y procesos del inconsciente, movilizados precisamente por el agrupamiento de sujetos singulares. El aparato psíquico grupal (cito) "es la construcción psíquica común de los miembros de un grupo para construir un grupo". Debemos diferenciarlo de lo que es grupal en el aparato psíquico individual, lo que en nosotros es grupalidad, pues "el inconsciente -dice Kaës parafraseando a Lacan- esta estructurado como un grupo"; esto último me parece de sus aportaciones fundamentales; el resto es excelente como desarrollo a profundidad de los planteamientos de Bion, que hablaba de "mentalidad grupal, valencia, cultura de grupo" y la organización y unión del grupo por lo que el llamaba "supuestos básicos" y "grupo de trabajo". Por supuesto Kaës desmenuza y aclara lo que la realidad psíquica contiene de grupal, y sobre todo las diversas modalidades de los vínculos, cuya observación e investigación nos permite apreciar "el trabajo psíquico de mantenimiento y transformación de las funciones y formaciones psíquicas comunes a los miembros del grupo: ideales, referencias identificatorias, representaciones compartidas y autorepresentaciones de grupo, mecanismos de defensa comunes, pactos contratos y alianzas inconscientes; funciones de representación y delegación, funciones co-represoras y de facilitación del retorno de lo reprimido". Kaës distingue en los grupos, "organizadores psíquicos inconscientes" (con dos modalidades: "los organizadores intrapsíquicos de agrupamiento" y los organizadores inter o trans-psíquicos grupales y los organizadores socio-culturales). Hay que destacar que Kaës ya decía en 1976, que sus hipótesis eran guiadas por la atención que él daba a la doble organización psíquica y social en los grupos y definía a los organizadores socio-culturales como "...el resultado de la transformación, por el trabajo de lo social y de la cultura, de los núcleos inconscientes de la representación del grupo (...) El modelo socio-cultural de la grupalidad viene a dotar de un sello de verosimilitud y de legitimidad al modelo psíquico inconsciente del objeto grupo (...) Ninguna representación del grupo es eficaz en el proceso grupal, si no se halla en condiciones de ser doblemente referida a organizadores psíquicos y a organizadores socio-culturales; las representaciones sociales del grupo, abarcan elaboraciones colectivas de la realidad psíquica interna; las representaciones están caracterizadas por el yo y contribuyen a la construcción de modelos ideales del objeto-grupo en el psiquismo". (El Aparato Psíquico Grupal).

No puedo seguir citando al propio Kaës, ya que afortunadamente lo tenemos aquí, pero lo que quiero decir en realidad, es que encuentro algunas contradicciones, entre lo anterior y lo actual, o hay algo que no comprendo:

1.- Cuando dice que los "grupos internos" "son formas de la grupalidad psíquica" (que los distingue de la propuesta de Pichon, pues éste nombra al grupo interno como lo "psicosocial" y lo intrasubjetivo y al grupo externo como lo sociodinámico e intersubjetivo) y que "no son el producto exclusivo de la interiorización o internalización de los procesos intersubjetivos o sociales", al decir no exclusivo ¿está planteando que sí, de algún modo?.

2.- Cuando añade que las formas de la grupalidad psíquica son dadas por la estructura de la "materia psíquica", mi pregunta sería: ¿de qué se conforma la materia psíquica?

3.- "Los personajes, los fantasmas originarios, las representaciones de palabra y de cosa, las imagos, las identificaciones, los ideales, el Super-Yo, el Ideal del Yo", ¿cómo se estructuran, de dónde provienen?.

4.- Si vienen de un otro, y de más de un otro, y del Otro (inconsciente, cultura, lenguaje, ley), si los grupos internos y la realidad psíquica, se han conformado en y a través de las relaciones sociales, ¿cómo podemos apartar estos "otros" de la vida social ?.

5.- ¿Porqué el Sujeto del Inconsciente y el Sujeto del Grupo, no es también un Sujeto Social?. Si el mismo planteaba, repito: "el resultado de la transformación por el trabajo de lo social y de la cultura, de los núcleos inconscientes de la representación del grupo", Kaës nos advierte que no esta hablando de un "sujeto social, porque éste se define por su sumisión al orden de los procesos y de las funciones sociales; ¿pero esta sumisión al orden no forma parte (si, desde luego transformada) del aparato psíquico?.

6.- También nos dice: "Ninguna de estas proposiciones implica referencia al concepto de sujeto colectivo, porque con este concepto salimos del campo del psicoanálisis y entramos en el de lo social (de las relaciones sociales de producción) de lo político (de los actos de poder) y de lo jurídico (de la institución de las leyes y su aplicación)". Y, en el texto anteriormente citado (repito) "las representaciones sociales del grupo abarcan elaboraciones colectivas de la realidad psíquica interna". ¿Todo esto me pregunto, no forma parte de nuestras representaciones?; ¿El poder, por ejemplo, fundamental en la intersubjetividad, no conformará parte de nuestros fantasmas?.

7.- Si el Sujeto del Grupo, se constituye como Sujeto del Inconsciente, según dos determinaciones convergentes, en la que la primera consiste en su sujeción al conjunto (familias, grupos, instituciones, masas); ¿Cómo podríamos evitar el nombrar todo eso como sujeto social?.

8.- "... si el organismo no puede considerarse más en estado aislado, sino en una interacción con el entorno", y Freud nos dice que la pulsión apunta al objeto, pero basada "en una relación de co-apuntalamiento con los objetos de la madre"; ¿cómo podemos imaginar al sujeto social fuera de toda esta conformación?; ¿La madre, no es un sujeto social?.

No encuentro la forma de aislar como ente abstracto o solamente teórico, al sujeto del inconsciente y al sujeto del grupo y a lo que ellos dependen -en su formación- de las relaciones intersubjetivas de los sujetos sociales. Mas bien podría decir que los encuentros de Kaës, de las funciones fóricas, el desarrollo del aparato psíquico grupal; el desmenuzamiento de lo que conforman los grupos internos; el que nos confirme la grupalidad de lo intrapsíquico, cuidadosamente analizado en el marco de la teoría psicoanalítica, me imponen la necesidad de seguir buscando y conceptualizando, precisamente los anudamientos que van construyendo el aparato psíquico, a través de la intersubjetividad, en el sujeto social.

Los psicoanalistas grupales hemos sufrido una especie de "terrorismo epistemológico, en cuanto a la aplicación de la teoría psicoanalítica al campo grupal, y peor aún, cuando tratamos de explicar, cómo, éstos fenómenos inconscientes que se dan en los grupos, también participan de los fenómenos sociales e institucionales, precisamente porque éstos han conformado lo intrapsíquico. Coincido con Kaës cuando dice "Mi cuestión es comprender cómo nos constituimos como sujeto del inconsciente en la relación con el otro" y también encuentro apoyo cuando Lacan plantea: ¿"No es acaso sensible que un Levi-Strauss sugiriendo la implicación de las estructuras del lenguaje y de esa parte de las leyes sociales que regula la alianza y el parentesco, conquista ya el terreno mismo en el que Freud asienta el inconsciente?.


C) Comentario del Dr. José Perrés
Profesor e Investigador Titular de la UAM-X
Profesor de la Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones
Organizador y Coordinador General de la semana de actividades "René Kaës en México"

En primer lugar quisiera agradecer al Dr. René Kaës por su presencia en México y en la UAM, Xochimilco, y por su conferencia, tan significativa y tan rica en contenidos, abriéndonos múltiples líneas de reflexión. A través de ella hemos podido apreciar tanto el desarrollo histórico de la reflexión psicoanalítica sobre grupos, a nivel internacional, el lugar de la "escuela francesa", así como -dentro de ella- la especificidad del pensamiento de nuestro huésped en la materia quien, como riguroso investigador, ha efectuado durante las tres últimas décadas aportes tan fundamentales como irreversibles para pensar psicoanalíticamente el concepto de "grupalidad psíquica". Se abre así al Psicoanálisis el riguroso estudio de dos espacios heterogéneos y complejamente articulados, anulados entre sí, a modo de un sutil y efectivo entramado: el de la intrasubjetividad y el de la inter/trans-subjetividad, generándose así una nueva comprensión metapsicológica sobre la constitución del sujeto del inconsciente en la intersubjetividad, apuntalado inicialmente sobre el sujeto del grupo, primero en constituirse. A nadie se le escapa, seguramente, que este hecho reviste un sinnúmero de consecuencias, en todos los niveles de análisis: tanto en la dimensión metapsicológica, como en la clínica, la técnica, la psicopatológica, la epistemológica y aun la ética.

Muchas son entonces las líneas que desearía poder debatir con el Dr. Kaës, en cada una, y en todas, esas dimensiones de análisis. La brevedad del presente comentario me lo impiden, pero no dudo que en la semana de actividades que inicia hoy el Dr. René Kaës con nosotros, tendremos ocasión de penetrar en muchas de ellas y reflexionar, conjuntamente con él, sobre sus alcances, tanto para el propio Psicoanálisis, como para otras ciencias sociales.

Deberé conformarme con seleccionar tan sólo una línea, en la presente oportunidad aunque inevitablemente de modo somero y falto de los matices aclaratorios necesarios. Seleccionaré un problema epistemológico ya que, como muchos de ustedes saben, ha sido una de mis preocupaciones esenciales en los últimos años: entender la especificidad de la epistemología del psicoanálisis, como interna a esta disciplina y, por extensión, qué significa producir conocimiento en ciencias sociales.

He insistido mucho, en diversos libros publicados, que no es posible hacer una lectura epistemológica en ciencias sociales que no contemple al unísono, como dos caras de la misma moneda, lo que desde H.Reichenbach se ha dado en llamar el "contexto de justificación" y el "contexto de descubrimiento". El segundo, profundamente despreciado por todos los empirismos y positivismos de la historia, apunta más a lo que tradicional pero equívocamente se conoce como "sociología del conocimiento". Estaríamos cerca de la forma en que, desde el análisis institucional, se ha hablado de "génesis teórica" y "génesis social" de los conceptos. Pero, y ahí mi crítica a esa postura, manteniéndolas separadas desde su misma denominación, sin entenderlas como dos caras de una misma moneda: el abordaje epistemológico, siempre histórico, y necesitadas entonces de ser estudiadas conjuntamente, tanto en sus complementariedades, articulaciones, interrelaciones, como en sus disyunciones, sus zonas de tensión y distanciación. O si se quiere, en términos de R.Kaës, analizar los isomorfismos y los homomorfismos de esos dos espacios epistemológicos heterogéneos, diferenciados pero inseparables, para arrojar una luz epistemológica menos reductora sobre la producción de conocimientos.

¿Por qué éste preámbulo al parecer tan general y tan poco específico? Porque, desde mi punto de vista, hay una eje central estructurante en la diferenciación que ha mostrado detalladamente el Dr. Kaës entre su pensamiento y el de E.Pichon-Rivière, pese a estar utilizando -tan sólo aparentemente- términos semejantes (teoría del vínculo, teoría del sujeto, grupo interno, portavoz, etcétera) pero encuadrados en investigaciones y en marcos teóricos diferentes y a menudo irreductibles entre sí. Concuerdo plenamente con Kaës cuando dice que las investigaciones respectivas estaban referidas a campos epistémicos diferentes. Pero no eran solamente "contextos de justificación" diferentes, en cuanto a los cuerpos teóricos a partir de los cuales se investigaba, sino -y esto es lo esencial a mi entender- "contextos de descubrimiento" diferentes, a partir de variables socio-histórico-cultural-implicacionales diferentes que separaron radicalmente a un investigador europeo y a un investigador latinoamericano en los años sesenta, a partir de realidades y compromisos sociopolíticos totalmente diferentes e irreconciliables.

Es obvio que lo dicho no constituye una novedad, y el propio Kaës lo indica en forma tangencial en su conferencia de hoy al decir, en relación a Pichon-Rivière: "ciertas dimensiones políticas podrían esclarecer su obra: su interés por la psiquiatría social, por la formación de adultos, la didáctica, expresan al hombre y el contexto social y político de esta región de América Latina". Pero desde mi punto de vista este hecho, una cara de la moneda en torno a la producción de conocimiento sobre los procesos grupales, se constituye en explicación esencial de la otra cara de la moneda.

Siempre producimos conocimiento, o intentamos hacerlo, a partir de una lucha contra quienes representan lo que queremos superar, trascender, subvertir. Lo sepamos o no, como investigadores siempre creamos un interlocutor imaginario a quien dirigimos lo que escribimos. ¿Cuáles eran los "enemigos teóricos" de Pichon-Rivière en ese momento, como lo eran también para toda una generación, en mi caso como alumno de entonces, formado precisamente como psicoanalista con muchos de aquéllos que subvertían, por razones ideológicas y no teóricas, el orden psicoanalítico tradicional al romper con la Asociación Psicoanalítica Argentina, y con ello con los valores de la International Psychoanalytical Association?

Lo que era primordial, por encima de todos los demás valores, en una situación político-social efervescente que se sentía en América latina como pre-revolucionaria, era el cuestionar permanentemente cuál era la responsabilidad histórico-social del profesional, del trabajador "Psi" en nuestro caso. Tal vez no resulte fácil entenderlo para aquéllos que no han tenido que vivir ese tipo de polarización extrema a que, a veces, nos somete la Historia. Pero en situaciones límites, a nivel político, sólo se puede tomar partido para no sentirse internamente como traidor a sus propias ideas, para reafirmarse grupalmente en la mirada de los otros y para poder ser. En esos momentos la dimensión ideológica-política se convierte en esencial por más que sepamos, especialmente por los trabajos de R.Kaës sobre el tema, la función regularizadora que asume la ideología, preservadora de una unidad imaginaria de lo grupal, ante el horror que produce la falta. Kaës nos ha mostrado también, en sus libros, que el Terror de Estado busca desarticular los procesos de pensamiento. El terror -nos dice- no puede ser reprimido ni proyectado ni ligado a representaciones de cosas y de palabras. Pero pensamos que en situaciones amenazantes extremas (guerra, persecuciones políticas, religiosas, étnicas, reclusión en campos de concentración, tortura, ocupación militar extranjera, etcétera) el terror pude llegar a ser controlado, mantenido a raya, en función de la creación de un "nosotros" ideológico, una grupalidad imaginaria, en la que estamos unidos y somos todos Uno, desapareciendo las diferencias. Esta grupalidad nos protege por el apuntalamiento compartido de los narcisismos amenazados. A través del grupo ideológico se supera la individualidad y se acepta aun la idea de la propia muerte ya que podemos seguir viviendo en los otros, en los que siguen luchando por la "causa". Y en ese caso nos sentimos un necesario y valioso eslabón de un conjunto que nos trasciende y da sentido a la vida y a la propia muerte que, frente al absurdo y a la sinrazón, puede cobrar significación en un orden simbólico.

Y en aquella década se estaba con la revolución o contra ella, con la dictadura militar o contra ella, sin lugar para los términos medios, aun poniendo a riesgo la propia estabilidad, material y psíquica, la seguridad o la misma vida. Polaridad con tintes maniqueístas, sin duda, entre "buenos" y "malos" (los western de nuestra infancia) pero que daba sentido a la vida, a la lucha, al trabajo, aun al profesional e intelectual, que sólo podían ser leídos desde esa polaridad.

En ese contexto social, de emergencia histórica de un tercer freudo-marxismo militante, eran bienvenidas, y esperadas todas las lecturas fronterizas, interdisciplinarias, que buscaban articular las dimensiones psíquicas y las sociales: en especial, el marxismo y el psicoanálisis. No corresponde analizar aquí las opciones políticas de Pichon y su concepción de militancia y cambio social, pero se propuso manifiestamente transitar desde el Psicoanálisis hacia la Psicología Social, entendiendo a ésta como una forma de cambiar la sociedad, amparada por un marxismo (Materialismo Histórico, que en ese momento era entendido como la "ciencia de la historia") que, en todos los niveles (político y social, pero también teórico) significaba una legalidad indiscutible y la definitiva esperanza de cambio social revolucionario.

¿Qué pasaba en Francia mientras tanto? El Dr. René Kaës lo muestra claramente en su conferencia. Cito: "Había que romper con la psicología social para hacer entrar, en forma imperativa, el grupo en el campo del psicoanálisis, porque en Francia, a principio de los años 1960, las aproximaciones fronterizas eran particularmente fustigadas en ese dominio y sospechosas de derivaciones extrapsicoanalíticas".

Recordemos a Foucault cuando dice en Las palabra y las cosas: "¿Cómo hacer para que el hombre piense lo que no piensa? cómo acercarse a todo el horizonte silencioso de lo que se da en la extensión arenosa de lo no pensado?"

¿Qué era entonces lo que se podía pensar en Francia, psicoanalíticamente, en ese momento? Todo lo que no revistiera visos de "conocimiento fronterizo", que fuera esencial y rigurosamente psicoanalítico, bajo pena de ser mal visto por el contexto, por los referentes sutiles de qué constituye investigar en cada momento, históricamente determinado, y dependiente de la estricta mirada de la "institución psicoanalítica" en su sentido más amplio, que nos atraviesa a todos los habitantes de ese extraño mundo "Psi". Nuevamente, entonces, la necesidad del referente grupal e institucional: ser sujeto en el grupo, para existir. En Argentina en cambio, la mirada reprobatoria era otra: la de toda una sociedad anhelante de cambios estructurales socio-político-económico-culturales, y todo aquél que solamente (subrayado este solamente) pensara desde el psicoanálisis kleiniano (único referente psicoanalítico posible, en la época), a partir de una fantasmática muy especial que escindía definitivamente el mundo interno de la realidad socio-histórico-política que nos tocaba vivir, a partir de una lectura instintivista biologista (y no pulsional, como parece indicarlo Kaës en su conferencia), en la que se perdía la especificidad del registro de lo psíquico en su inserción social, no dejaba de ser indirectamente un traidor a la causa revolucionaria.

Para terminar traeré un sólo ejemplo muy claro de cómo en Francia también se dieron fuertes reduccionismos teóricos a partir de causas que remitirían claramente al contexto de descubrimiento y no al de justificación de los conceptos. Recordemos tan sólo como R.Laforgue, fundador del órgano oficial de la Sociedad Psicoanalítica de París, la Revue Française de Psychanalyse rechazó vehementemente a que se pusiera el nombre de Freud en ella, todavía en vida del maestro vienés. Se daba entonces la paradoja que se podía validar -en la línea abierta por una famosa obra de R. Dalbiez- el "método psicoanalítico", sin aceptar lo que se consideraban eran las "doctrinas" de Freud, negadas o renegadas en su valor de Teoría Psicoanalítica constitutiva de la práctica psicoanalítica. ¿Cómo entender ese hecho y otro muy vecino, el que no haya habido sino hasta hace pocos años una edición completa de la obras de Freud traducidas al francés, cuando en español las tenemos desde la década del 20? El Dr. Kaës nos dará su opinión a continuación, pero me pregunto si no será posible explicarlo a partir de la fuerte rivalidad francesa con toda la cultura germana, basada en hechos geopolíticos: la enemistad histórica entre Francia y Alemania y los ríos de sangre derramados entes esas dos naciones en innumerables guerras a través de los siglos?

Dr. René Kaës, quisiera preguntarle entonces: ¿podemos pensar epistemológicamente la producción de conocimientos, el contexto de justificación de los conceptos, si no meditamos profundamente, al unísono, sobre sus complejas articulaciones -en forma de complementariedad y disyunciones, de isomorfirmos y de homomorfismos- con el contexto de descubrimiento de los mismos? ¿Qué importancia le daría Ud., por ejemplo, a la línea de ese brillante sociólogo francés E.Morin, en sus intentos generados a través de décadas de su producción, de reflexionar epistemológicamente, a partir de una "epistemología de la complejidad"? Ésta supone, precisamente, romper con las ilusiones disciplinarias, trabajar a partir de lo que por mi parte, he denominado "el estallido de las miradas disciplinarias". No se trata, claro está, de retornar a peligrosos eclecticismos o de perder el rigor conceptual de la investigación, sino de no olvidar que no podemos nunca, en una epistemología de la complejidad, dejar de lado la contradicción, los márgenes de incertidumbre, los agujeros de nuestro pensamiento, y el hecho evidente que no hay realidad social -por tanto humana- que pueda comprenderse tan sólo de manera disciplinaria y unidimensional.

Muchas gracias.


III) BREVE CONTESTACIÓN DEL DR.KAËS A LOS COMENTARISTAS


(Traducción: José Perrés)

Les agradezco mucho su generosidad, estoy verdaderamente muy conmovido por el nivel y la calidad de las preguntas que se han suscitado por la conferencia y, más allá de la conferencia, por todo el trabajo que la precedió. Por eso me gustaría en primer lugar agradecer personalmente a cada una de las personas que intervinieron, pero también a todos ustedes como conjunto, porque creo que constituyen una comunidad de interrogación.

Solamente me podré limitar a algunas respuestas parciales. Dra. Baz, me emocionó mucho lo que usted dijo de la ruptura epistemológica y su carácter doloroso. Quiero decir que hace poco hice un homenaje especial a Pichon Rivière en una revista especializada francesa y a toda la avanzada teórica y práctica que él aportó a nuestras investigaciones. La cuestión a la que quiero llegar, que se junta con los comentarios de nuestros otros dos colegas, es la siguiente. El avance en una disciplina se da por bricolaje. Procedemos solicitando préstamos a otras disciplinas, éste ha sido el caso tanto de Lacan como de Freud, y después naturalizamos de cierta forma estos préstamos en nuestro propio campo. Procedemos también por investigación ligada a la necesidad interna del descubrimiento, y por fin también trabajamos por efectos de la necesidad del contexto de descubrimiento, tal como lo mostró José Perrés.

Creo que todas las preguntas de los comentaristas convocan estas tres dimensiones de la investigación. Para Pichon, tal vez, la interrupción de su actividad tornó difícil que alcanzara a producir un campo teórico coherente. Estoy en la misma línea de incertidumbre que él, cuando se plantea el problema de orientar su investigación más bien en un sentido que se articule a la utilidad social o a la coherencia teórica. Yo no se como se podría decidir, ya que se trata más bien de vivir esta pregunta.

Retomaré esta misma pregunta a partir del sujeto social. En el contexto social francés, lo que nos era más necesario hacer, y lo que era posible hacer, era de intentar una articulación entre el sujeto del inconsciente y el sujeto del grupo. Mantengo la diferencia entre el sujeto del grupo y el sujeto social. Pienso que tal vez en Francia no seamos quienes están mejor situados para continuar la articulación entre el sujeto del grupo y el sujeto social. Por otra parte, pienso que no podemos cada uno de nosotros, dentro de su propio universo de pensamiento, intentar hacer una especie de agrupamiento de todos los puntos de vista, de todas las dimensiones. La experiencia psicoanalítica del grupo, como la de la cura, nos confronta a esa experiencia fundamental: uno que falta, uno que falta es también una dimensión que falta, y creo que debemos asumir profundamente esa falta para pensar, esa dimensión inaccesible y por ahí podremos quizá reconocer que otro sea quien pueda sostener el discurso que nos falta.

Desde ese punto de vista pienso que la interdisciplinariedad es un trabajo de grupo, y para dar una referencia al respecto en el debate entre Freud y Jung, creo que Freud siempre privilegió el análisis por encima de la síntesis; siempre prefirió el escalpelo a la costura. El problema con el que nos enfrentamos, y ésta es una manera de contestarle a José Perrés sobre Laforgue: por supuesto que hay enemigos teóricos, por supuesto que hay exclusiones racistas al interior del Psicoanálisis, pero hay sobre todo un riesgo de hacer un psicoanálisis sin la problemática del inconsciente. Y pienso que Francia estuvo durante un tiempo trabajada, corroída, por la posibilidad de que el psicoanálisis pudiera funcionar sin el inconsciente. En ese sentido considero que el aporte esencial de Lacan en el movimiento francés fue justamente recordar que no se puede hacer ningún psicoanálisis sin el inconsciente. Nuestra tarea en Francia, y ustedes son los que me hacen tenerlo más claro, consiste precisamente en pensar la cuestión del grupo y la cuestión del sujeto del grupo poniendo en el centro de esa investigación la hipótesis del inconsciente con todos sus efectos de sorpresa y de subversión. Creo que no estoy muy bien situado para hacer esta articulación entre el sujeto del grupo y el sujeto del inconsciente: siempre hay uno que falta y eso es lo que hace, creo, que sigamos pensando.

Muchas gracias.

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Revista de Psicoanálisis y Cultura
Número 5 - Julio 1997
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